Desde hace 14 años, gracias a la Asamblea General de las Naciones Unidas, tenemos un día para rendir homenaje a uno de los sistemas ecológicos más complejos y que nos dota de una amplia gama de servicios ecosistémicos esenciales para nuestra vida diaria. Los bosques nos ayudan a regular la temperatura, al actuar como sumideros que capturan y almacenan dióxido de carbono, favorecen la infiltración de agua en los suelos, regulan los flujos hídricos y reducen la intensidad de inundaciones y sequías. 

Por si fuera poco, los bosques previenen la erosión de la tierra, mantienen su fertilidad y contribuyen a la estabilidad de ecosistemas enteros al ser hábitat para diversas especies, siendo hogar y sustento de innumerables comunidades rurales e indígenas. 

Gracias a ello, estos ecosistemas forestales son reconocidos hoy en día por su gran papel dentro de la lucha contra el cambio climático al ser un sector con la capacidad de incidir en las acciones orientadas a la mitigación de emisiones, la adaptación y la atención a pérdidas y daños.

Como ya se adelantaba, los bosques desempeñan un papel fundamental en la mitigación del cambio climático dada su función como sumideros naturales de carbono, por lo que su conservación, manejo sostenible y restauración representa una de las alternativas más costo-efectivas para reducir emisiones a gran escala. En materia de adaptación, su rol para regular el ciclo hidrológico, para proteger los suelos y reducir el riesgo ante fenómenos extremos, hace que los bosques garanticen servicios ecosistémicos esenciales para la resiliencia de poblaciones enteras. Y en escenarios de crisis, son estos ecosistemas forestales los que resultan clave dentro del debate sobre pérdidas y daños,  ya que padecen fenómenos como incendios forestales, sequías prolongadas, plagas, etc., pero también ayudan a prevenirlos al actuar  como barreras naturales frente a desastres.

Sin embargo, el gran papel de los bosques se debe en su mayoría a la gestión y cuidado de estos, por lo que el manejo forestal comunitario ha sido reconocido como una de las estrategias más completas y efectivas para garantizar la conservación de estos ecosistemas, al combinar conocimiento tradicional, gobernanza territorial y prácticas sostenibles de aprovechamiento de los recursos. 

Diversos estudios han demostrado que el reconocimiento de quienes históricamente han sido los responsables de mantener nuestros bosques ha contribuido a frenar la deforestación y a garantizar la conservación de la biodiversidad, pues las comunidades locales y pueblos indígenas tienen vínculos culturales muy estrechos, conocimientos tradicionales y valores espirituales enraizados con estos ecosistemas forestales.

Reconociendo estos vínculos, hace unos meses rumbo a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2025 (COP 30), diversas naciones comenzaron a impulsar nuevos conceptos para proponer un modelo de desarrollo sostenible que incluyera a los pueblos y comunidades que viven en ecosistemas naturales, reconociendo su rol, sus saberes, y su forma de relacionarse con la naturaleza. Uno de ellos fue el de sociobioeconomía, el cual plantea un cambio de paradigma en la forma en que se conciben las soluciones climáticas. 

A lo largo de la COP 30, en diversos paneles se abordó la sociobioeconomía en un sentido más amplio al uso sostenible de recursos biológicos, pues se pretendía integrar con él dimensiones sociales, culturales y económicas, reconociendo que las comunidades no solo deben ser protegidas frente a los impactos de la acción climática, sino posicionadas como actores centrales en la construcción de modelos de desarrollo sostenibles. Este enfoque permite transitar de esquemas que buscan evitar el daño hacia modelos que generan valor, bienestar y resiliencia desde el territorio.

No obstante, reconocer conceptos tan importantes y amplios como este requiere una articulación entre el marco normativo y el despliegue de instrumentos y estrategias de financiamiento para alcanzar metas tan ambiciosas y necesarias como lograr tasas netas de deforestación cero. Los esfuerzos para canalizar recursos hacia la conservación y el manejo sostenible de los bosques se han orientado a impulsar instrumentos como esquemas de reducción de emisiones por deforestación y degradación forestal (REDD+), así como el creciente desarrollo de mercados voluntarios y regulados de carbono, promoviendo la venta de reducciones certificadas de emisiones. 

Si bien estos mecanismos pueden generar beneficios significativos, como el fortalecimiento de capacidades locales, la diversificación de ingresos y la creación de incentivos económicos para la protección de los ecosistemas, su efectividad y legitimidad dependen de la existencia de marcos regulatorios y estándares sólidos que aseguren su integridad ambiental y social. 

Múltiples casos nos han demostrado la necesidad de que las reducciones de emisiones producto de iniciativas como estas sean: reales, medibles, verificables; que eviten la doble contabilidad; que respeten plenamente los derechos de los pueblos indígenas y comunidades locales; y en general, que se garantice el cumplimiento estricto de diversas salvaguardas sociales y ambientales, así como que se asegure una distribución justa y equitativa de los beneficios,  al tiempo que se contribuya de manera efectiva a la protección de la biodiversidad. 

El fortalecimiento del sector forestal dentro de la agenda climática global no solo implica reconocer su valor ambiental, sino también construir las condiciones institucionales, financieras y sociales que permitan aprovechar su potencial de manera justa, efectiva y sostenible. En este sentido, es en instrumentos normativos como las leyes y los reglamentos donde encontramos una gran oportunidad para consolidar estas condiciones institucionales, financieras y de gobernanza que favorezcan la transición hacia modelos como el que propone la sociobioeconomía, asegurando que los bosques continúen siendo aliados fundamentales en la lucha contra el cambio climático.

Fuentes de consulta:

Food and Agriculture Organization of the United Nations. (2020). Global Forest Resources Assessment 2020: Main report. FAO. https://doi.org/10.4060/ca9825en

Intergovernmental Panel on Climate Change. (2022). Climate Change 2022: Impacts, Adaptation and Vulnerability. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781009325844

Intergovernmental Panel on Climate Change. (2022). Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781009157926

Millennium Ecosystem Assessment. (2005). Ecosystems and human well-being: Synthesis. Island Press.

The Economics of Ecosystems and Biodiversity. (2010). Mainstreaming the economics of nature: A synthesis of the approach, conclusions and recommendations of TEEB. UNEP.

United Nations Environment Programme. (2021). Becoming #GenerationRestoration: Ecosystem restoration for people, nature and climate. UNEP.